jueves, 20 de septiembre de 2012

Espolón Sur-Este del Mallo Firé - ¿Por dónde habeis subido?

Rudeza e imaginación...
Espolón Este al Mallo Firé..una vía con mayúsculas 
   “Por tercera vez, vamos a enfrentarnos con la grandiosa pared sur-este del Fire, el que contemplamos en aquel amanecer del día del Pilar flotando sobre el mar de nubes, lo que contribuye a darle un aspecto más impresionante si cabe. Con Navarro de compañero de cordada, avanzamos hacia el coloso, que se yergue con una vertiginosa verticalidad, dominando esbelto las laderas circundantes. Hemos preparado nuestro equipo a base de bien y en la intendencia incluimos un pollo con el que celebraremos el día, observando que, como el vino, también gana con la altura. Sumamos a la pesada impedimenta, aparte de la cámara fotográfica, un tomavistas con buen surtido de película, con la que pensamos filmar los pasos más interesantes.
            ”Tras un rápido inventario (a ver si todo está en orden), comenzamos la escalada, que coincide con la vía de la cara Oeste por el extraplomo inicial –bastante serio– y la larga travesía horizontal, por la que, rebasado un espolón, se hace difícil entenderse. Afortunadamente, algunos compañeros madrugadores están al pie del mallo y, haciendo de eco, conseguimos solucionarnos. Más tarde, el grupo aumenta y, desde una cornisa, puedo contemplar la expectación: Terrer con sus agregados, que ha venido desde los chalets de la estación; Vidal, nuestro asesor-jefe en lo del tomavistas; y la para mí siempre amenazadora figura de Ramón el Galletas, quien, cachaba en ristre, parece querernos decir que, como no tengamos ojo con la pared, lo vamos a tener que tener con él.
”Abandonamos la vía Villar que, con el en estos momentos averiado Villarig, repetí hace dos años, comprobando que, a pesar de estar poco frecuentada, es una de las más interesantes de Riglos por su variedad. Desde el punto donde nos encontramos, superamos un tramo muy liso de pared compacta, donde Navarro, en el primer intento, tuvo una caída, por lo que, pasado el primer susto, solo nos preocupamos de si Vidal, que seguía la escalada, habría podido filmarla con su tomavistas. Procuro desechar de mi pensamiento la caída de Navarro y prosigo el delicado paso a libre, hasta que una fisura ya conocida de las otras veces, me brinda ocasión de colocar una segura escarpia. Continúo la fisura y, poco más arriba –al desaparecer–, tengo que bordear la panza (que muere en un paso que requiere toda la atención), hasta que alcanzo una cornisa formada por una laja semi suelta que da la impresión de ir a soltarse del todo al poner los clavos de seguro para la reunión.
            ”Una vez ha llegado Navarro, que ha tenido que subirse la panza directamente, inicia el siguiente largo sobre mis hombros, pisoteándome a placer. En este largo evitamos, yéndonos a la izquierda en un aéreo flanqueo, la fea fisura diagonal que bautizamos la cicatriz, aparente línea de ataque vista desde la base, pero que a su altura se ve impracticable. Navarro desaparece de mi vista, avisándome de que sigue a libre; por mi parte, pongo toda la atención en la maniobra, pues, por experiencia de los anteriores intentos, sé que las cuerdas no corren bien, dificultando la progresión de mi compañero. Por fin, alcanza una cornisa y recupera la despensa, atendiéndome a mí a continuación, que paso recuperando el material. Es bastante tarde cuando alcanzo la cornisa en la que decidimos instalar el primer vivac, satisfechos de poder aligerar en parte el pesado petate. Luego, sacándole el mejor partido posible a la estrecha cornisa, arrebujados en las chaquetas de pluma, nos disponemos a pasar la noche.

”Sobre las seis de la mañana, tras haber dormido toda la noche de un tirón, prosigo, desplazándome a la derecha por la misma cornisa del vivac, hasta una panza que supero con ayuda de un pitón; sobre ella, subo en diagonal un muro bastante liso que se extraploma al final. Logro superar dicho extraplomo con cuatro malos clavos y preparo la reunión. La siguiente tirada, a cargo de mi compañero, comienza –cómo no– a base de pisotearme los hombros; luego, en un alarde de equilibrio, supera una panza, siguiendo por un diedro descompuesto, del que hay que salirse en un difícil flanqueo. Al final de éste llega a la repisa donde dimos la vuelta en el segundo intento. Colgado del clavo de rápel (¡vaya clavo!), estudio la continuación del itinerario desconocido desde aquí. Por encima de la panza, en cuyo borde estoy suspendido, otra más saliente cierra el paso, siguiendo un trozo de pared por la que calculo se podrá progresar más rápidamente; una tercera panza cortada por una fisura y la perspectiva achata el resto de la pared visible. Supero los dos primeros extraplomos difícilmente (la pared no me ha engañado) y salvo el trozo liso con más facilidad. Finalmente, tengo que subir la fisura del final utilizando métodos nada académicos y, tras hacer bastante fuerza, consigo encaramarme en una repisa al pie de un muro de aspecto más fácil, por el que sube Navarro en un rápido largo de cuerda.
            ”Nos reunimos en un rellano al pie de una panza –¡panzas y más panzas!–, surcada por tres chimeneas, a cual más fea. Tenemos que deliberar cuál ha de ser la que sigamos y cómo alcanzarla, cuando nos decidimos por la central. Después de varios infructuosos intentos de llegar a ella de frente, lo logro dando un rodeo por la derecha, sin que la cosa sea mucho más fácil, a base de paciencia y de fiarme de unos pitones más bien malos. La chimenea, salvo una sabina a la mitad en la que se nos engancha el petate, no ofrece otro problema que un techillo al final, el que da salida a una pared de excelente roca, lo que hace prorrumpir en exclamaciones de gozo a Navarro a medida que la va subiendo. Mi aviso de que no le queda cuerda lo sorprende en un estrecho resalte, donde visto que el día toca su fin, se decide preparar el segundo vivac. Resulta agradable poder relajar los músculos y ceder en la constante tensión nerviosa que la escalada requiere. Veo sonreír a Navarro satisfecho mientras va trasegando cosas del petate al estómago; luego, saciados, contemplamos la aparente miniatura del paisaje a vista de pájaro, mientras esperamos el reparador sueño, que por la confusión de recuerdos no debió tardar en venir.
 
 RABADÁ SENDER, Alberto, “Mallo Fire: primera cara Sur”, en: Boletín de Montañeros de Aragón, 67, enero-marzo de 1962.



”Al aclarar el día, nos decidimos a emprenderla de nuevo. A la rosada luz del amanecer, vemos lo que tenemos encima..., no es muy prometedor..., lo único prometedor es la dureza del día que nos espera. En este segundo tercio, la pared presenta una de sus mayores defensas con una serie de extraplomos continuados durante cuarenta o cincuenta metros. Sobre ellos, unas cornisas amplias son nuestra meta momentánea. Tras filmar a Navarro a la salida de tan aérea cama, con el consiguiente desentumecimiento de músculos, comienzo la tarea. El primer largo, en diagonal a la izquierda, permite sortear los primeros desplomes, siendo en la siguiente –a la derecha–, cuando nos encontramos en medio de ellos. Deliberamos nuevamente si ir un poco más allá a ver qué hay, pero, ante la perspectiva de un retroceso, no queda otra solución que seguir derecho. De esta forma, momentos después, me encuentro haciendo artesanía pura a base de pitonisas, pitoncicos y toda la quincalla menuda que tengo, pasando un rato apurado hasta que, penduleando, me sitúo en una repisa donde descanso de la fatigosa tirada.
            ”Otro largo queda para salir de esta segunda zona de panzas. Veo a mi compañero empezarla con un brío que queda frenado ante la imposibilidad de pitonear ni medianamente bien. Son momentos de gran tensión: sobre uno de los clavos que ha conseguido colocar, suspende un estribo..., y es al querer apurar el último peldaño, cuando se produce la caída. Todo ocurre en breves instantes. Al desprenderse el primer clavo, el segundo lo hace también, y es uno de la reunión el que aguanta el vuelo de él, queda suspendido unos metros por debajo de mí, sin mayores consecuencias que un dedo magullado, el reloj hecho puré y amén del consiguiente sobresalto. Mientras ataca otra vez, ésta con los bríos un poco mermados, le pido repita el retroceso al objeto de filmarlo..., en principio dice que sí..., que no sé qué de mi tía. Al segundo intento, hay más suerte: el clavo aguanta lo suficiente para alcanzar la parte superior del extraplomo, por el que se desplaza hasta llegar a una pequeña muesca al pie de un tramo de pared sumamente vertical de unos quince metros.
”Intento dar con otra cornisa durante las dos horas de luz que quedan, pero, al no conseguirlo, nos resignamos a pasar la noche allí, organizándonos un balconcillo con las cuerdas, que supla la falta de terreno horizontal. Por otra parte, el tiempo parece que no quiere colaborar, y una fría llovizna nos hace presumir que el día de mañana no va a ser mucho mejor que hoy. Resguardados con los plásticos, contemplamos, al amanecer, todo velado por la niebla. El Pisón, con el erguido y provocativo Puro que tenemos enfrente, escasamente se destaca de las brumas que lo envuelven. Si no le da por llover recio...
            ”Echamos mano de la última reserva de clavos que hay en el petate, ya que muchos han sido abandonados, otros rotos y bastantes han caído abajo. La escuálida mazurca se nutre de nuevo y, con ella en ristre, trepo por la triple hasta el punto que ayer retrocediera. Como la tarde anterior, todas mis tentativas se estrellan ante la imposibilidad de clavar y, como no me seduce la idea de empezar a burilazo limpio, decido buscar nuevos horizontes. A fuerza de artesanía y de clavos made in circunstancias, me desplazo a la derecha, hasta una entosta donde puedo meter un sólido pitón, que asegura la continuación de la travesía, pero, al llegar al límite de las cuerdas y del material sin encontrar una solución, regreso a la entosta donde, cansado de tanto paseo, me aseguro y recupero a mi compañero. Si placer me causa el comerme la manzana que al llegar junto a mí, me alcanza Navarro, más todavía me causa el oír el clic del mosquetón puesto sobre el primer clavo que ha conseguido poner; a éste se sucede otro..., ¡y otro! Ya toca la repisa que esperamos salir de este agotador trozo de pared, y por ella se desplaza hacia la izquierda, hasta situarse en una buena cornisa al otro lado del espolón, en la que, a juzgar por los gritos de júbilo que da, calculo se terminan los problemas gordos (¡ya era hora!).
”Al final de la tirada siguiente, y mientras mi compañero se acerca a mi altura, no siento otra cosa que llevar el tomavistas descargado. Es impresionante verlo suspendido de estos hilos de araña que nos unen, recortado sobre el pueblo, que se ve diminuto entre su cuerpo y la pared, por la que, con su habitual y tranquila agilidad, está trepando. Otra tirada de cuerda por unos metros de pared lisa, una corta canal con mala salida y alcanza Navarro un nido de buitres (también se buscan la casa alta estos animalitos). Nos reunimos en él, estamos cerca ya de la cima, pero la noche se nos echa encima y decidimos preparar el último vivac, pues, a pesar de la cercanía, desconfiamos de cómo estará el trozo que queda y no es cuestión de exponerse a pasarla en un estribo, teniendo a nuestra disposición el confortable nido.
            ”El petate está ya fláccido; sólo unas pocas provisiones y el material del vivac..., por la noche. Por la mañana, las provisiones las subimos puestas; alivia algo al tener que izarlo, pero, en cambio, la sensación del estómago ya no se pasa apretándose el cinturón. La última tirada es a cargo de Navarro, pues, tras los suspenses de la de ayer, temo no encontrarme en las mejores condiciones. Lo veo partir decidido por un extraplomo sobre nosotros, del que pasa a una especie de medio cono a  la derecha por el que continúa en arriesgado largo a libre hasta el redondeado de la cima, de la punta No Importa. Desde aquí, ya poco puede interesar lo demás: pasar a la Buzón y descender en rápel hasta la glera y, por ella hasta el pueblo, es corriente. Únicamente querría expresar nuestro agradecimiento a todos los que, aunque sólo pudiese ser con su presencia y su fe, nos animaron a conseguir esta escalada, cuya nueva vía denominaremos Félix Méndez”.

Alberto Rabadá Sender.
Boletín de Montañeros de Aragón. 1962.


Los otros dos...
 Una locura lo de la cordada aragonesa. Un muro y muchos días de observación, de paciente y laboriosa ascensión para buscar lo que muchos dicen como "más evidente". Largos expuestos, verticales, con ambiente Riglero desde el inicio hasta el final. Nosotros nos buscamos la vida mientras disfrutabamos de lo lindo ponieniendonos en la piel de los verdaderos valientes que se precipitaron a encontrar este osado sendero vertical.  Preciosa actividad para estos días revueltos, de entretiempos, de kilómetros y de nuevos retos aún que aún me están por salpicar...
Dejo el texto de Rabadá...porque creo que merece la pena echarle un vistazo y rememorar aquella ascensión.
Feliz final

jueves, 13 de septiembre de 2012

Alpes de nuevo...Mirando al Cielo - Zermatt, Arista de Entrevers y Dent Du Geant...

Veo, veo...
"El encanto de la ascensión al principio es visual, pero rápidamente queda acrecentado por el placer de tocar, de palpar y pisar la roca, la nieve, el hielo, así se establece un íntimo contacto físico y sensible con toda clase de superficies y pendientes. Más intervienen los artificios mecánicos entre nuestros sentidos y la montaña, menos podemos hacer pasar esta simpatía eléctrica entre nuestro ser y la montaña donde emana la extraña exaltación de la ascensión"
"LE CERVIN" Charles Gos (1948)
Morrena Glaciar
En la blanca arista

Se resbalan los sueños..

A los Alpes de nuevo, como salir al patio de recreo después de un verano intenso, cargado de exámenes y trabajos que apenas he entregado a tiempo. Al menos este aula que son los Pirineos me siguen haciendo sonreír, aprender y hasta volar y sentir… 
Nos las prometíamos redondas!!, Iván carga la furgoneta a su estilo, y siempre queda hueco para tres cervezas que en principio reservamos para que los planes se cumplan. Después doce horas de coche, de chistes, de música y de muchas conversaciones sobre lo que queda bajo las montañas, las relaciones y lo más humano de cada uno de nosotros.
Hoy dormimos en Chamonix, que a mí me da la sensación de estar demasiado blanquito para las fechas que son. No me importa, nuestra plaza de parquing está calentita, y hoy estrenamos colchón para tres, que siempre es un buen número. Por la mañana frío y mal  presagio, el monte está muy blanco, y mis ganas de hacer tonterías por los suelos, pero con decisión y filosofía continuamos viaje hasta el valle de Zermatt.  Allí lo sospechado se hace realidad, y el Matterhorn nos recibe medio oculto entre las nieblas, como un niño que avergonzado de haber hecho algo mal se esconde tras la cortina. Tampoco importa, esta montaña se cubre de la dulce tristeza que se atribuye a los dioses, nos grita en silencio que “por aquí no se sube”,  hace frío, y la nieve fresca se queda por unas semanas en las repisas de la arista Lyon, que aún tardará en volver a ver el sol. 

Admirar con calma...



Tapizado blanco
La idea era cruzar por el glaciar de Tiefenmattengletscher y conectar así con la Arista Lyon, menos frecuentada y  más alejada del pueblo de Zermatt. Pero de aventurear esta vez  nada, hoy toca asimilar la derrota de nuevo, y entretenernos en el verde paisaje suizo a esperas de que el Cervino al menos se deje fotografiar una vez más. Nos desquitamos subiendo y bajando, trotando, corriendo, gritando y grabando todo un documental de humor y alpinismo que queda reservado para los grandes reencuentros. Aún así, a mi me falta algo… ¿nos vamos al Valle de Aosta?, ¿Volvemos hacia los rincones del Monte Blanco?. Y así continúa el viaje, volvemos hacia Chamonix, el tiempo empieza a dar tregua y nosotros tenemos ganas de subir al ático de este paisaje…
Feliz cumpleaños!!, Feliz soledad!!
Enlace al sueño...

Desde la lejanía alpina

Volvemos a dejar nuestro sello de Expedición desastrosa por los alrededores de Chamonix, nos pilla el tormentón colgados en una pared junto a la carretera, me olvido el descensor en el coche y las puertas abiertas de la furgoneta nos guiñan el ojo desde las alturas. De estas trazas bajamos corriendo, sudados y con todas las cuerdas mojadas. Y entonces el cielo se vuelve a reír  y cesa de llorar,  el parte meteorológico es bueno,  hacemos mochilas, leemos sobre algún sueño y quizás la comodidad de un refugio guardado nos ayude a  quemar nuestros últimos cartuchos.  La aventura se llama Dent Du Geant, y ya comenzó hace unos años, cuando lo ví por primera vez apuntando al cielo como una flecha petrificada y sugerente.

“Mientras algunos consideran el deporte de la montaña como un pasatiempo ocasional, para otros es el espejo del alma, en el que cada uno se ve, se interroga, se descubre; dónde espíritu y corazón se sienten liberados de las cadenas que lo oprimen y el ser, al completo, renace a una vida nueva; una nueva inteligencia modifica la óptica de sus concepciones. El alpinismo permite al hombre la facultad de ser el artesano de sus movimientos, una filosofía original se manifiesta en la práctica  del alpinismo, donde a veces las cuestiones técnicas paracen secundarias, ellas, en realidad lo son”
BERTRAND KEMP (1962)


Espadas al cielo de Chamonix

Glaciar du Geant espectante
A la mañana siguiente todo es luz y calor, una fina capa blanca recubre y tapiza las paredes de este macizo, crea un color mágico, una espera elegante al atardecer y un montón de sensaciones a nuestros seis ojos, más todo aquello que empezamos también a sentir con los dedos. Unidos por la cuerda verde vamos saltando grietas y uniendo caminos, miramos arriba y abajo, y sin conocerlo muy bien ya estamos sobre la Arista de Entrevers,  que nos regala un día redondo y cauteloso. Estamos aquí, porque creemos que las necesitamos, porque acá nos sentimos felices, y porque al menos aquí, todo es más sencillo que allá abajo. Luego cenar y dormir, del refugio mejor ni hablar y así omitimos la incesante labor del hombre en continuar con la destrucción de todo aquello que podamos imaginar.
Vigilante

Horizontes puntiagudos

Jugando bajo el sol

Acercate...
Lo demás me lo guardo, un día largo  de nuevo, una escalada, nuevos amigos, problemas y soluciones... Compañeros y su ayuda, grietas y más grietas, granito caliente al sol y roca heladora a la sombra, guantes, esperas, aristas de colores, imágenes y nuevos  horizontes y lugares por descubrir. 
A la vuelta nieve, más grietas, sonrisas y conversaciones sobre todo lo que hemos vivido allí arriba... vuelvo encantado, duermo mal porque no puedo más...pero me encanta sentirme así...más vivo...
Gracias Iván, gracias Jorge... no nos vamos a olvidar de estas aventurillas!
Filos

En las espadas de Entreves

Con el Gran Cappucin

Formas

Aventureamos mañana?

Los Drus y la arista de la Aiguille Verte en segundo plano

Atardece en la Arista de Peuterey

Agujas de Grepon y Charmoz

Amanece sobre nuestros frontales

Comienza el reino de la luz

El día empieza sobre el Mont Blanc

Aproximación con cautela

Asoma el Diente...

Paso a paso hasta la pared

Cercanos

Cerca de los 4000 metros

La sala del desayuno...

Rebbufat??

Visita

Seguimos en el primer largo

Bajo el diente helado

En el cielo...

La Mer de Glace muere en Chamonix

Arabescas formas en la Arista de Rochefort

Intensos rápeles

Espacios para la aventura

¿Quien?

Yo también...

Un día para recordar...